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Cueva de La Pasiega

Entrada de la Cueva de La Pasiega

Identificación del bien

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Monte Castillo, Puente Viesgo, Cantabria

Acceso

Desde el centro de la localidad de Puente Viesgo (en la N-623), junto al aparcamiento central de la villa, se toma la carretera que asciende al Monte Castillo y que finaliza en un área de aparcamiento desde donde se accede a pie hasta el centro de interpretación y acogida de visitantes.

Coordenadas geográficas

UTM 30T 421890E / 4793675N – Z: 190

Descripción

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Descripción topográfica

El Monte Castillo, donde se abre la cueva, es una colina caliza de forma cónica que constituye la estribación más oriental de la Sierra del Escudo de Cabuérniga, formación que separa la llanura costera y los valles interiores del occidente de Cantabria. Se levanta sobre la margen izquierda del río Pas y domina una amplia vega fluvial en el inicio del “bajo Pas”, así como un paso natural desde este valle hacia la cuenca del Besaya.

La cueva de La Pasiega tiene una compleja topografía, compuesta por un sistema de salas y corredores de distinta orientación, en ocasiones a diferente nivel. La articulación de este sistema cárstico ha sido complicada aún más por las diferentes actuaciones desarrolladas en la cavidad en los años 50 y 60 del pasado siglo con vistas a su acondicionamiento para la visita pública (obturación de algunos pasajes, construcción de muros interiores, sucesiva habilitación de nuevas entradas). Posee varias entradas orientadas hacia el S, de las que al menos tres (que dan acceso a las galerías B, C y D) pudieron ser utilizadas durante el Paleolítico Superior. El primer sector, de unos 200 m de recorrido, está formado por las galerías A y B, que confluyen en ángulo. Unos 30 m al O de la boca que da acceso a estas galerías se localiza la “entrada antigua” por donde penetraron los descubridores del yacimiento. 20 m más allá se abre la boca más occidental, que conduce a la galería C. La parte central de la cavidad es la denominada zona D, con acceso desde cualquiera de las entradas mencionadas.

Fecha de descubrimiento

El yacimiento fue descubierto en 1911 por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río en el curso de las excavaciones de la vecina cueva de El Castillo.

Investigación arqueológica

El yacimiento arqueológico fue explorado por H. Obermaier, P. Wernert y H. Alcalde del Río entre 1911 y 1913. En el primer estudio de las manifestaciones artísticas participó también H. Breuil. En 1951 y 1952 el yacimiento arqueológico fue excavado por J. Carballo y J. González Echegaray coincidiendo con obras de adecuación de la cavidad para la visita turística. No se conoce con precisión la secuencia estratigráfica documentada, aunque cabe asignarla al Paleolítico superior. Las primeras exploraciones se centraron en la entrada “antigua”. Las excavaciones de 1951 y 1952 se localizaron en las galerías B y C, prácticamente al pie de las primeras figuras rupestres, documentando industrias solutrenses y magdalenienses. A partir de esas fechas se fueron descubriendo, además, nuevas representaciones de arte rupestre, hasta la revisión efectuada por A. Leroi-Gourhan en los años 60. Entre 1983 y 1992 su arte rupestre ha sido objeto de un estudio sistemático por parte de C. González Sainz y R. de Balbín Behrmann. Tras algunos trabajos aislados efectuados en los últimos años, desde 2017 la cueva está siendo objeto de una revisión exhaustiva por parte de los investigadores belgas Marc y Marie-Christine Groenen.

Contenidos artísticos: pinturas, grabados

La cueva contiene un gran número de representaciones artísticas que se distribuyen por todas sus galerías.

En la veintena de metros finales de la Galería A, y en un estrecho recodo terminal, se concentra el conjunto más denso y mejor conservado, uno de los núcleos más importantes del arte rupestre paleolítico. Las figuras de ciervas, ciervos, caballos, grandes bóvidos, renos y caprinos, o los abundantes signos cuadrangulares y en arco conopial que aquí se localizan fueron pintados en rojo y, rara vez, en negro. Se encuadran en cronologías gravetienses-solutrenses, excepto las contadas figuras negras, atribuibles al arte magdaleniense.

La Galería B es de proporciones más amplias y, al mismo tiempo, está más compartimentada: cuenta con sectores más aislados y diferenciados en los temas representados y las técnicas empleadas. El estilo de casi todas las figuras, no obstante, encaja en la cronología magdaleniense. Inmediato a la entrada original se sitúa un grupo de uros y bisontes, caballos y un megacero, pintados en rojo y también algunos grabados. En las inmediaciones, y en algún caso superpuestos a las pinturas, hay un buen número de grabados de animales de menor tamaño, y algo más al interior varios grupos de signos claviformes y el conjunto denominado “inscripción simbólica”. En corredores y salas marginales de la galería se localizan varios conjuntos de animales grabados y escasas pinturas, mientras que al fondo, en el corredor que da paso a las galerías A y D, se realizaron algunos animales y signos aislados, con técnicas muy variadas.

La zona anterior de la Galería C, inmediata a una de las entradas primitivas, cuenta con representaciones de distinto estilo y técnica, frecuentemente superpuestas. Además de animales y signos pintados en rojo, amarillo y violeta, se documenta una amplia serie de animales grabados, pintados en negro o bícromos en algún caso, y signos claviformes en rojo. Al fondo de esta sala se sitúa el conjunto más coherente, con caballos, bisontes y caprinos pintados en negro o grabados, de estilo magdaleniense.

Las representaciones son más escasas en la zona D, donde destacan varios sectores con animales pintados o grabados de estilo arcaico, un conjunto de signos cuadrangulares y un grupo de cérvidos grabados de estilo magdaleniense.

El inventario más actualizado (resultado de los estudios desarrollados por C. González Sainz y R. de Balbín Behrmann) cuenta con algo más de 800 evidencias rupestres paleolíticas, de las que 301 son figuras animales. Destaca la abundancia de signos abstractos (hasta 148, sobre todo de formas cuadrangulares, en arco conopial y claviformes) y series de puntos. Se ha documentado además un gran número de manchas informes de coloración roja y de series de líneas grabadas o pintadas no figurativas, distribuidas muy irregularmente por el complejo cárstico. Las representaciones animales están dominadas por caballos y ciervas, seguidas de cabras, ciervos, bisontes y uros. Además hay 3 representaciones antropomórficas, 3 de reno y 1 figura de megacero, de carnívoro, de ave y de pez, junto a 42 cuadrúpedos no identificables.

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Bibliografía

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BALBÍN BEHRMANN, R. DE, GONZÁLEZ SAINZ, C. 1992. La Pasiega. Monte de El Castillo, Puente Viesgo, Cantabria. En VV. AA., El nacimiento del arte en Europa (Catálogo de la exposición organizada por la Unión Latina): 239-241. París: Unión Latina.

BREUIL, H., OBERMAIER, H., ALCALDE DEL RÍO, H. 1913. La Pasiega à Puente-Viesgo (Santander) (Espagne). Monaco: Institut de Paléontologie Humaine. Imp. Veuve A. Chêne.

GONZÁLEZ SAINZ, C., BALBÍN BEHRMANN, R. DE 2000. Revisión de las representaciones rupestres paleolíticas de la cueva de La Pasiega en el conjunto del monte Castillo. Topografía y documentación artística. En R. Ontañón Peredo (coord.): Actuaciones Arqueológicas en Cantabria 1984-1999: 69-73. Santander: Consejería de Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria.

LEROI-GOURHAN, A. 1965 (2ª ed. 1971). Préhistoire de l'Art Occidental. Paris: L. Mazenod.

ONTAÑÓN PEREDO, R. 2018. 10 Cuevas Patrimonio Mundial en Cantabria. Santander: Consejería de Educación, Cultura y Deporte - Gobierno de Cantabria / Asociación de Amigos del MUPAC.

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